viernes, 1 de noviembre de 2013

Reasons to love Montreal

Hace 3 meses que llegamos a Montreal. Hemos tardado en volver a escribir porque la adaptación no ha sido fácil. Después de la euforia de la llegada y las vacaciones, ya nos vamos dando cuenta que nuestra cotidianidad ha cambiado. No es un sentimiento nuevo, ya que no es nuestra primera migración. Sin embargo, vuelve a costar.  No reconocer rostros amigos por la calle, extrañar los olores, los sabores, adaptarse a un nuevo paisaje...
Aún conocemos poca gente aquí y tejer una red de apoyo y amistad llevará su tiempo. Menos mal estamos juntos (2+2+gato) y nos vamos apoyando y dando ánimos. A algunos nos ha costado más que a otros, a Jaime y a Teo les ha costado menos, y a Edu y a Clara, un poco más. Tenemos un largo camino para ir descubriendo poco a poco este nuevo territorio y su colorido. Por ahora ya vamos encontrando muchas razones para querer a Montreal, aquí algunos ejemplos.


1. La naturaleza es impresionante
Montreal tiene 17 grandes parques, con un total de 2000 hectáreas (La cuarta parte de la superficie de Granada). Son preciosas áreas naturales llenas de biodiversidad y belleza. Al llegar estábamos cerca del Parque la Fontaine, con áreas de picnic y juegos infantiles, piscinas para niños, un parque para perros, y muchos árboles entre ellos, imponente álamos. Además montones de ardillas.

Ahora nuestro parque es el Jarry, con lago, piscina, muchas pistas de deportes, incluido tenis. Por cierto, allí Nadal ganó el torneo de Montreal el pasado agosto.
El otoño es precioso con las hojas de mil colores. Hemos podido disfrutar mucho de los alrededores y hemos visto algunos animales nativos.


Parc Jarry

Recogiendo manzanas

Edu y Antonia impresionados




Parc Omega
Parc Omega

Niños con amigos Nico y Antonia



 

2. Mucha tranquilidad y sonrisas por todos lados 

Es un tópico, pero es verdad. Los montrealeses suelen ser muy amables. Te sonríen si te cruzas por la calle, siempre dispuestos a abrirte la puerta si vas con niños o a cederte el sitio en el metro. Siempre dicen “gracias” y “por favor”.

Como el metro no está nada adaptado para llevar sillas con niños, una ayuda normalmente es necesaria y la gente la ofrece sin problemas.

A lo mejor por la tradición católica, la familia tiene un gran valor y en el trabajo suelen respetar este espacio. Sin embargo, muchas guarderías y colegios funcionan hasta las 6 de la tarde, señal de  poca conciliación, no hay que olvidar que esto es América. Será necesario un post (o mas) dedicado al tema familiar.

Sonrisa montrealesa

Sonrisa mueca montrealesa




















3. Gente de aquí y de allá
Lo que Edu ve en su cole es un buen reflejo de lo que se ve en la calle. Allí se hablan 23 idiomas y hay niñas y niños de unas 70 nacionalidades. Es un cole público, en un barrio francófono, con muchos partidarios de la independencia. Edu está en una clase llamada “acogida” donde comparte con compañeros de Egipto, China, Moldavia y varios sitios de América latina (Una vez dominan el idioma, pasan a las clases regulares). 
 
Teo de paseo con el cole
Edu en Tim Hortons (Cadena canadiense de cafeterías)

















Niños en Halloween (31/10/2013)

4. Verano y otoño con un clima estupendo
Aunque es el gran terror del inmigrante en Canadá, el frío no está presente todo el año. Hemos podido disfrutar de temperaturas muy buenas en verano (Nada que ver con los 40 y pico de Granada) y el otoño ha estado muy bien, con temperaturas por encima de 15 grados y una lluvia que no conocíamos, como si alguien desde arriba disparase un pulverizador (o spray en colombiano). Solo desde la semana pasada estamos empezando a ver los primeros signos del invierno, temperaturas por debajo de 0ºC en la madrugada y máximas por debajo de 10ºC.

 
Vieux Port en Otoño
Luz otoñal de nuestro salón (Nuestro gato es el que duerme sobre la alfombra)

5. Cultura al alcance de todos
Desde las primeras semanas tenemos nuestras “cartes” de bibliotecas. Un juego de tarjetas más voluminoso que las tarjetas de crédito, que nos permite acceder a una cantidad increíble de libros, e-books, DVDs, CDs… y a una serie de conferencias, cuentacuentos, obras de teatro y muchas actividades en las sedes de las bibliotecas. Por un lado, está la red de unas 30 bibliotecas de barrio, bajo el principio de que toda vivienda debe contar con una biblioteca a menos de 5 kilómetros (Desde casa tenemos 2 bibliotecas cerca). De otro lado, está la biblioteca central, que pertenece al gobierno de Québec y que es un edificio de 5 plantas que ocupa una manzana en el corazón de Montréal.
Además esta ciudad es conocida por su gran oferta cultural, con el mayor número de festivales de Canadá, siempre con actividades gratuitas en el programa.
De todos modos, la cultura mueve mucho dinero, hay importantes inversiones públicas en renovar y crear nuevos espacios, pero además hay un mercado “natural” alrededor de las actividades con las tiendas de souvenirs y también las bibliotecas recaudan muchísimo en multas por retraso en la devolución de los préstamos (Con nosotros se van a forrar!).  
Teo en el parque de las ciencias
Niños en el parque de las ciencias





Niños en el Biodôme
Niños tocando piano en la calle, disponible para quienes pasan por ahí





domingo, 25 de agosto de 2013

2 + 2 = four & the cat

Hace un mes que dejamos nuestra querida Granada por la “belle Montréal". Desde nuestra llegada teníamos la intención de escribir un post contando nuestras aventuras, pero estos primeros días han tenido más tarea de la esperada.

Empecemos por la partida de Granada. La salida fue cuanto menos rocambolesca…Preparando las maletas, los niños y al gato, había que limpiar, escoger lo que se quedaba, lo que se regalaba y lo que podíamos llevar (difícil negociación). Además dejar la casa lista para los nuevos inquilinos y hacer esos pequeños arreglillos que habíamos dejado acumular.

La víspera del viaje nos fuimos a Málaga, porque nuestro gato (Kogui) tenía que pasar por aduana, como la más valiosa mercancía. En el puerto de Málaga, la veterinaria tenía que hacerle un informe, pero justo llevaban toda la mañana sin luz y tuvimos que ir donde los vecinos (una empresa privada de logística marítima) para imprimir los papeles, según ella “a los de al lado no les afecta la crisis”. Luego, ir al aeropuerto a hacerle los papeles de exportación definitivos en la aduana. Todo esto en una furgo alquilada donde no cabía un alfiler.

Al terminar las gestiones, nos fuimos a un hotelito muy recomendable en Torremolinos  que permitía gatos, por supuesto. Tomamos nuestro último gazpacho en suelo español y nos fuimos a la playa con Luna Mora.

Día D.
El día tan esperado ya había llegado, nos levantamos prontito con nuestras 14 piezas de equipaje (6 maletas + caja del gato + 2 sillas de niños + 4 maletas de mano + carrito de bebé). Con los niños dormidos, aún no entendemos como lo hicimos para llevar todo esto hasta el counter de AirTransat. Llegamos entre los primeros 5, pero las caras de los demás dejaban presagiar lo que venía; 1 hora de check in, llevar a Kogui a la terminal de carga y revisión de todo, hasta que finalmente conseguimos deshacernos del equipaje y subimos al avión. Afortunadamente, el vuelo estuvo bien, los niños muy tranquilos, el gato abajo con el equipaje y nosotros con una mezcla de emociones propia del migrante.

Para llegar al aéropuerto de Montréal es necesario sobrevolar toda la ciudad. Pudimos ver el imponenete río Saint-Laurent, muchas calles rectas, autopistas al norte y al sur de la ciudad y algunos edificios llamativos como el Parque Olímpico. Al aterrizar, llovía un poco en la ciudad y teníamos unos 27ºC aunque, con la humedad el calor era terrible. Pasamos a recoger los 13 bultos que llegaban al aeropuerto y tuvimos que alquilar un coche para ir hasta el quinto pinto a recoger a Kogui en la terminal de carga. Mientras Clara y el pequeño se fueron al piso que habíamos alquilado desde mayo, por el sistema de Trip Advisor (Flipkey).




El piso resultó muy agradable, en el barrio de Plateau-Mont Royal:  con las características escaleras montrealesas, los árboles a lado y lado de la calle que unen sus ramas por arriba y las pequeñas ardillas que van por ahí como si de un bosque se tratase. 





Los primero días trascurrieron entre gestiones y papeleos: Obtener el Número de Seguridad Social, conseguir la “Assurance Maladie, conseguir el cole de Edu y la guarde de Teo, contratar teléfono móvil y un largo etcétera. Pudimos conseguir un piso definitivo donde pasar el invierno, pero aquí generalmente se alquilan totalmente vacíos. Afortunadamente la dueña nos dejo un frigorífico y un sofá, las demás cosillas las hemos ido consiguiendo poco a poco, casi todo de segunda mano, que es un mercado que aquí se mueve muchísimo.

Ahora vivimos en el barrio Villeray, un poco mas lejos del centro, pero al lado de una estación del metro y a un paso del mercado Jean Talon. Edu irá al cole  a dos calles de casa y Teo irá a la guarde de  la Universidad de Montreal, a 6 estaciones de metro.

Este primer mes también nos ha permitido hacernos una idea de la ciudad, de las muchas cosas que nos gustan de ella y de lo que no entendemos, de lo que echamos en falta de nuestra querida Granada y hacer más reales nuestras expectativas de lo que viviremos estos 2 años… pero esto ya vendrá en las próximas entradas.